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La infancia y los conflictos bélicos

El mundo
en guerra


Mapa los conflictos bélicos activos en la actualidad

En la actuadidad hay más de 50 conflictos bélicos en el mundo, estas guerras implican a más de 90 países y a millones de personas. Hemos alcanzado el mayor nivel de violencia desde la Segunda Guerra Mundial.

Niños y niñas son
las principales víctimas
de las guerras

y seguimos sin garantizarles sus derechos fundamentales

Una mirada al pasado y al presente

Los conflictos bélicos han sido una constante en la historia de la humanidad, desde las antiguas civilizaciones hasta la actualidad. Aunque los motivos y las circunstancias han variado con el tiempo, las guerras siempre han tenido profundas consecuencias para las naciones, las personas y la sociedad global. Hoy en día, aunque las guerras convencionales no son tan frecuentes como en el pasado, el mundo sigue enfrentando diversos tipos de conflictos que ponen en riesgo la paz y la estabilidad.

Un recorrido por las guerras del pasado

La historia está marcada por conflictos que han moldeado las fronteras y la estructura del poder mundial. Las guerras antiguas, como las de los imperios babilonio, egipcio y romano, buscaban la expansión territorial y el control de recursos. Sin embargo, fueron los grandes conflictos del siglo XX, como la Primera y la Segunda Guerra Mundial, los que redefinieron el concepto de guerra a nivel global.

La Primera Guerra Mundial (1914-1918) fue un conflicto que involucró a las principales potencias del mundo y dejó millones de muertos. Las alianzas entre naciones y el desarrollo de nuevas tecnologías militares convirtieron este conflicto en una guerra sin precedentes. Pocos años después, el mundo se vio nuevamente inmerso en otro enfrentamiento devastador, la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), que trajo consigo la aparición de armas nucleares y la redefinición del orden mundial. Este conflicto no solo cambió las fronteras políticas, sino que también evidenció la capacidad destructiva del ser humano.

Nace la ONU como herramienta de paz

Cuando la Segunda Guerra Mundial estaba a punto de terminar en 1945, las naciones estaban en ruinas y el mundo quería la paz. Representantes de 50 países se reunieron en San Francisco en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Organización Internacional del 25 de abril al 26 de junio de 1945. Durante los siguientes dos meses, procedieron a redactar y luego firmar la Carta de la ONU, que creó una nueva organización internacional, las Naciones Unidas, que, se esperaba, evitaría otra guerra mundial como la que acababan de vivir.

En 1948 se proclama de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, uno de los logros más destacados de la ONU.

Las guerras modernas: nuevas formas de conflicto

A pesar de los esfuerzos por evitar más guerras globales, los conflictos armados no desaparecieron con el fin de la Segunda Guerra Mundial. Durante la Guerra Fría, las tensiones entre las superpotencias (Estados Unidos y la Unión Soviética) dieron lugar a guerras indirectas, como la Guerra de Corea y la Guerra de Vietnam, que afectaron profundamente a las poblaciones de estos países y a la política global.

En la actualidad, el mundo sigue enfrentando conflictos, aunque con características diferentes. Las guerras modernas no siempre son entre Estados-nación, sino que involucran a actores no estatales como grupos insurgentes, terroristas o paramilitares. Un claro ejemplo es la guerra contra el terrorismo, que comenzó a principios del siglo XXI tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Este tipo de conflictos se libran en múltiples frentes, desde operaciones militares en el extranjero hasta ciberataques y guerras económicas.

El impacto humano y económico de la guerra

Además de las pérdidas humanas, los conflictos tienen un impacto devastador en las economías de los países involucrados y en la estabilidad de las regiones afectadas. La guerra en Siria, por ejemplo, ha provocado una crisis de población refugiada sin precedentes, forzando a millones de personas a abandonar sus hogares y buscar refugio en Europa y otras regiones del mundo. Esto ha generado tensiones en los países receptores, enfrentando desafíos humanitarios y políticos. Las guerras también tienen un impacto económico significativo. El costo de la guerra no solo incluye el gasto en armamento y operaciones militares, sino también la reconstrucción de los países devastados y el apoyo a las víctimas y persona desplazadas. Los conflictos prolongados, como los que se desarrollan en Yemen o Afganistán, a menudo dejan a las naciones atrapadas en ciclos de pobreza y la vulnerabilidad.

El papel de la diplomacia y los organismos internacionales

Frente a un mundo en conflicto, la diplomacia sigue siendo una herramienta esencial para prevenir la escalada de la violencia y buscar soluciones pacíficas. Organismos internacionales como las Naciones Unidas o la Unión Europea desempeñan un papel crucial en la mediación de conflictos, aunque sus acciones a menudo son criticadas por la falta de resultados efectivos.

Los esfuerzos por mantener la paz global a través de tratados, como el Tratado de No Proliferación Nuclear, o iniciativas como las misiones de paz de la ONU, han tenido éxitos limitados, pero siguen siendo fundamentales para frenar la expansión de la guerra.

Así mismo en el panorama actual es fundamental una transformación profunda que empice desde el ámbito más cercano al global. Gobiernos, la sociedad civil y las comunidades deben colaborar para encontrar soluciones duraderas a los conflictos y al clima de inseguridad. El fortalecimiento del Estado de derecho y la promoción de los derechos humanos es fundamental en este proceso, así como la reducción del gasto militar y su reinversión en la reconstrucción de los territorios azotados por la guerra, erradicar y perseguir el tráfico de armas ilícitas, fortalecer la lucha contra la corrupción y el fomento de una participación inclusiva, entre otras acciones.

Las Soluciones Empiezan en Nuestro Entorno

No conseguiremos vivir en un mundo más pacífico, si no iniciamos la transformación en nuestro entorno más cercano y en la forma que tenemos de relacionarnos.

El Buentrato, es una base que favorece el crecimiento y el desarrollo personal. Las relaciones de Buentrato parten del establecimiento de sinergías entre dos personas y del reconocimiento de que ambas tienen necesidades diferentes que son igual de válidas, que deben ser siempre tenidas en cuenta y por tanto respetadas. Lo cual va extrapolándose a las distintas esferas de las relaciones humanas y sociales.

El Buentrato, en líneas generales, compuesto por cinco elementos:

EL RECONOCIENTO

Se trata de la capacidad de “darse cuenta” de la existencia del “yo” y de las “otras personas”.

LA EMPATÍA

Es la capacidad de darse cuenta, entender y comprender qué siente, cómo piensan y las motivaciones que llevan a actuar a las otras personas con quien nos relacionamos.

LA COMUNICACIÓN

Su base es el diálogo, lo componen los mensajes que intercambiamos con otras personas y que tienen alguna finalidad.

LA INTERACCIÓN IGUALITARIA

Se basa, también, en el reconocimiento y la empatía. Expresa la comprensión y uso adecuado de las relaciones de autoridad entre personas.

LA NEGOCIACIÓN

Es la capacidad de resolver conflictos de forma que los intereses de todas las partes sean antendidos de forma satisfactoria.

propuestas y actividades